Presentación, a La Chascona, del libro Réquiem pour rêves assassinés. Hommage à Pablo Neruda de Julie Stanton. (Santiago, Chile, marzo de 2005)

 

Luis Alberto Mansilla

Periodista, escritor y crítico de literario

 

 

 

Esta casa (" La Chascona ") construida par Pablo Neruda para sellar su relación amorosa con Matilde Urrutia y que también fue la casa de su muerte en días trágicos para los chilenos, recibe hoy a la poeta quebequense, Julie Stanton, y su libro “Réquiem por sueños asesinados. Homenaje a Pablo Neruda.” El libro ha sido publicado en Quebec el año del centenario del nacimiento del poeta y es una respuesta lúcida al brillo de Neruda en cualquier parte del mundo, más allá de las barreras de las lenguas, las particularidades culturales, las ideologías, las diferencias de toda orden. El descubrimiento de Pablo Neruda fue para Julia Stanton como un rayo sobre la pradera y su libro es un homenaje emocionante a nuestro poeta. El volumen que presentamos se enriquece gracias a las fotografías magníficas y cósmicas de Regis Mathieu que responden al mundo de algas salvajes y piedras trabajadas por el viento de los siglos.

 

Neruda es para Julia Stanton un gran puente entre dos mundos y al mismo tiempo un umbral entre la vida y la muerte. Su libro recuerda en cada uno de sus poemas las imágenes del Neruda más significativo y responde como en una obsesión a sus interrogaciones. Sus interrogaciones son como un estribillo conmovedor que vuelve en todos los poemas de este libro. Julia se pregunta constantemente: ¿ mortal, dónde vas? ¿ Mortal, qué dejas tu? ¿ Que deseas? ¿ A quién invocas al fin de tu camino? El descubrimiento de Neruda se hace para ella un acontecimiento cardinal de su existencia. Dice: “y haberte leído / Pablo Neruda / hace menos lastimoso / el hecho de irse. La aventura de la humanidad, la angustia/ Así como sus sueños frustrados.” Es por esto que el libro se titula Réquiem por sueños asesinados, y se construye sobre el gran desconcierto de lo que somos y de lo que es nuestra gran tarea en este mundo.

 

Uno de sus críticos, en Quebec, afirma que " se trata de una poesía ferviente y humana, entre el fresco musical y el cuento. " Y añade que este canto de muertos es también un llamado que combate las penumbras que nos rodean, las que mataron Lorca y Neruda, los que diezman a los seres humanos en matanzas monstruosas como los de Afganistán, de Iraq y de Chechenia, a cuyas víctimas este libro rinde homenaje.

 

Es posiblemente oportuno de recordar que el sujeto de la muerte transformó la poesía de Neruda en una afirmación ferviente de la vida y en una posibilidad de vencer la oscuridad y de conquistar la alegría. En uno de sus últimos libros, afirma " no voy a morir, voy a vivirme ". Y cuando su corazón atravesaba " un túnel oscuro, oscuro " en el momento de su misión consular triste y desconsoladora en Oriente, cuando redactó su genial Residencia en la tierra Escribió: " la muerte es como caer de la piel al alma " y afirmó que " la muerte nos esperaba al fin de un túnel vestido de almirante ". Pero nuestro poeta de Quebec recogió sin duda otras sensaciones en casa de Neruda, que fue las llaves para salir de subterráneos. Así como cuando en su poema Reunión bajo las nuevas banderas, Neruda escribe: yo de los hombres tengo la misma mano herida / Yo sostengo la misma copa roja /E igual asombro enfurecido : un día/ Palpitante de sueños/
Humanos, un salvaje/ Cereal ha llegado/ A mi devoradora noche/ Para que junte mis pasos de lobo/ A los pasos del hombre.
Y añade: es la hora suprema de la tierra. / Mirad esta cara recién sacada de sal terrible / mirad esta boca amarga que sonríe / mirad este corazón nuevo que le saluda / con su flor desbordante, dorada y determinada.

 

Neruda jamás creyó en las seducciones de la metafísica. Hizo siempre frente más bien a su condición de mortal, pero sabía que no acababa en si mismo, como lo dice en su poema A mi partido, del Canto general. Consideraba al que no conocía como mi hermano, más hermano que mi propio hermano, y esto fue la fuerza y el motivo de sus acciones durante toda su vida. Jamás fue alguien resignado, sino un rebelde que jamás aceptó el asesinato de los sueños y siempre denunció y combatió a los asesinos. Los pueblos deben rebelarse. La multitud humana no puede ser una masa inerte, sin respuesta frente a la muerte ordenada y desencadenada. Así ya lo apreciamos en las imágenes épicas de España en el corazón: Generales traidores:, mirad mi casa muerta,/ mirad España herida:/ pero de cada casa muerta sale metal ardiendo/ en vez de flores,/ pero en lugar de cada niño muerto sale un fusil con ojos/ pero de cada crimen nacen balas/ que un día os encontrarán el sitio del corazón.

 

Cuando Neruda pudo superar los días grisáceos, el aburrimiento y la disolución que impregnaba su Residencia en la tierra, se despidió de lo que llamó " la metafísica cubierta de amapolas " y dijo de mirar la sangre en las calles de España bombardeadas por los fascistas para asesinar los sueños de la República, que intentaba realizar los sueños de democracia, de libertad y de progreso que pondrían fin a las sombras medievales de España clerical y opresiva. Sin duda los sueños han sido asesinados allí, pero no para siempre, porque la rebelión contra la muerte puede hacer renacer lo que Julia Stanton llama " los sueños frustrados ". Después de España, Neruda fue no sólo un testigo, sino que también un protagonista de su época. Vivió los años terribles de la guerra más horrible de la historia de la Humanidad. Una guerra puesta en marcha por el fascismo, que tuvo como resultado seis millones de Judíos asesinados, millones de seres humanos asesinados en antiguas ciudades cuya cultura secular ha sido devastada por los ejércitos de los que pretendían eliminar a seres humanos a causa de sus orígenes raciales, e instalar un imperio de dominación que duraría mil años.

 

Durante todo este tiempo, Neruda transformó su poesía en una trinchera que lanzaba no sólo fuego, sino que también esperanza. Celebró la emergencia de una nueva sociedad, sin explotadores ni explotados, una sociedad para la que no tuvo tiempo de ver ni las contradicciones ni el fin lamentable, porque murió en medio de otro ataque fascista que se producía en su propio país tan amado: el palacio del gobierno de Chile era bombardeado, la vida del Presidente elegido por el pueblo fue sesgada, los cadáveres de jóvenes acribillados de balas eran echados en el curso del río frente a las ventanas de la clínica donde agonizaba, la brutalidad militar hasta no respetó su casa que entonces fue tomada por asalto y saqueada.

 

Pero todos nosotros sabemos que Neruda fue un vencedor de la muerte y que él mismo se definió diciendo: no puedo vivir sin la vida, el hombre no puede ser hombre sin el hombre. Y es esto que prevale por encima de los asesinos de sueños. La poesía de Neruda no es solamente uno de los cantos más ilustres del amor humano, sino que es también la voz y el instrumento de los dolores enterrados, la voz de los explotados y de los dominados, los humillados y los agraviados. El poeta exige que se le muestre la sangre y que le diga: en este lugar me castigaron / porque la joya no brilló o porque la tierra / no entregó a tiempo la piedra o el grano. Y pide en sus Alturas de Machu Pichu: Dadme el silencio, el agua, la esperanza / Dadme el combate, el hierro y los volcanes / Acudid  a mis venas y  a mi boca / Hablad por mis palabras y mi sangre / Yo vengo para hablar por vuestra  boca muerta.

 


Julia Stanton no tiene la intención de resolver las interrogaciones que suscitan los poemas de Neruda. Pero subraya que invitan a hacer frente a los grandes problemas que muy a menudo se evita, o que no nos atrevemos a confesarnos a nosotros mismos. Esto explica la reiteración de la pregunta al fin de sus estrofas: ¿ hacia dónde vamos? ¿ Qué dejamos al fin de nuestra vida? Julia cree que un día, que podría ser el del juicio final, nos permitirá posiblemente vernos de nuevo. Y Julia rinde homenaje a las mujeres que lucharon heroicamente en las barricadas de la Comuna de París, que fue como sabemos un asalto al cielo y la primera revolución proletaria de la Historia. Otras mujeres merecen también los honores, como Luisa Michel, María Curie, Rigoberta Menchú, Domitila Barrios de Chungara, y muchos otros los que sobrevivieron en la memoria a sus sueños asesinados. En este sentido, la lectura de Neruda  confirma a Julia en su esperanza de que no morirá definitivamente: su poesía actúa como un bálsamo que borra su tristeza. Es por eso que este libro constituye un homenaje que trascienden no sólo su obra literaria, sino también su acción en el curso de su existencia.

 

Digamos para concluir que Julia Stanton es poeta de una gran maestría en la expresión de imágenes duras y sobrecogedoras, en su humanismo profundo, y en su simplicidad cristalina que Neruda se exigía a sí mismo en sus Odas elementales para que su poesía pueda ser leída escuchada por todo el mundo. Hasta nosotros que leemos mal o hablamos mal la bella lengua francesa, somos capaces de percibir la majestad de este Réquiem, que recibimos con emoción como uno de los mejores tributos hechos en el mundo al centenario de nuestro poeta, cuya celebración se realizó durante todo el año que viene de terminar.

 

Así como todos saben, Neruda conocía perfectamente la lengua de la Señora Stanton. Su padre deseaba que fuera profesor de francés, y le envió de Temuco a la Universidad de Chile a Santiago para que obtenga su diploma de enseñanza. Ustedes saben también que el joven poeta no perseveró en esta intención. Dedicó mucho de su tiempo a escribir Crepusculario y Veinte poemas de amor. Se perdió y se enriqueció frecuentando la bohemia de esa época. Su fracaso en la preparación de la licencia en francés es muy relativo, porque se dedicó a traducir a Anatole France y a estudiar en su lengua Baudelaire, Rimbaud, a Verlaine. En el momento de la aceptación del Premio Nobel en 1971, su frase emblemática fue una estrofa de Rimbaud: armados de una paciencia ardiente conquistaremos las ciudades de mañana.

 

Es la misma " paciencia ardiente " que sostiene las estrofas del libro que presentamos hoy, la décima de Julia Stanton. Celebramos que una poetisa del Norte de América, a una distancia tan grande de los volcanes, las piedras, ríos, que alimentan la obra de Neruda, a tal distancia de los amerindios, de los mineros y campesinos pobres, a tal distancia del realismo mágico de América del Sur, haya sabido captar las raíces del humanismo nerudiano y haya logrado compartir su invitación para comprometerse del lado del pueblo innumerable y sus luchas más que seculares.

Por todos estos méritos, y muchos otros, tenemos el placer de dar la  bienvenida a Julia Stanton, que hizo el viaje desde Quebec - bajo los auspicios del Centro Chileno Pablo Neruda - con su homenaje luminoso a nuestro poeta, que inspiró su último libro. Deseamos que miles de chilenos puedan leer en una traducción en español. Por el momento, y en nombre de nosotros todos, le expresamos nuestro reconocimiento y nuestro amor. ***